Descubrí que éramos tu y yo en un invierno
entre los otros
en la inequívoca forma de su sombra retraída,
lo descubrí en tu silencio
que rozaba la orilla de mi hombro
tu cabello en calma
entre la lluvia que nos nombraba
nos vi
en la extrañeza que quiebra hacia tu rostro
en la extrañeza que quiebra hacia tu rostro
nacida en una sonrisa adecuada.
Lo vi mientras vagaba por las noches
desprevenido en tu risa insomne,
y consumí el espacio donde el tiempo
nace y sangra,
lo vi en tus palabras hacia las mías
la calma de las sustancias
el llanto anexo a tu mirada.
Aun así
- y en las desigualdades
de dos personas que se saben extrañas-
ignoraba
allá en el fondo de tus ojos
las heridas
los aciertos
el nosotros.
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