La ciudad nos conoce abatidos, nuestros vicios estrechos hacia la gente, las mentiras de diario dentro del auto, las carencias del habla para entendernos, conoce esas múltiples fallas, las atenciones sociales de nuestros fantasmas, la madre que no reza al santo correcto, y el parque a solas a las seis de la tarde; esta ciudad conoce los delitos de jerarquía, las miradas perdidas de antemano, los consuelos consumados, la solemne soledad y el llanto incompleto de la muchedumbre, conoce tal vez el inequívoco hartazgo de los animales al límite(aun así no mueren), la ciudad conoce la nube inexistente sobre mis hombros, la brisa de tierra naciente en la calle contigua, los arboles vistos desde abajo, la piedra eterna con forma de avispa, nos conoce débiles y a su vez sonrientes a una sombra de concreto sobre la mancha negra de el sol sobre los cuerpos, esta ciudad nos conoce y yo a ella, la se aun despistada y ya me canse de vaciarme en vano sobre ella.
Aunque quizá por hoy, y en razón de una mariposa que vuela sobre mi mano, esté tentado a encontrar algo de paz entre las calles y la lluvia de miradas oscuras que hoy me azotan.









