Despierto
y el golpe del vacío junto a mi almohada
me arde como la primera palabra de un ciego.
Fuiste mía
en un lugar donde las gentes se retan a la distancia
y el despertar, solo ese viejo enemigo
de dos personas que no comparten un mismo espacio
me saluda.
Me odio, me sueño y no te encuentro
pero que memoria la del cuerpo:
apenas te he rozado en un momento espurio
y en las tardes mi piel te recuerda infinita.